 La dinámica moderna impone su lógica veloz, inestable y voluble en nuestra actividad cotidiana. Vivimos en un mundo en el que, como dijo Marx hace tiempo, “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Nada queda, nada permanece. A ese mundo hay que adaptarse, en él a que vivir y con él hay que luchar.
En la era que nos toca, el cuerpo se resiente. El estrés, las preocupaciones, las exigencias no nos permiten estar radiantes, en el esplendor de nuestro bienestar. Es por ello que han crecido y se han desarrollado intensamente terapias y tratamientos para cuidar el cuerpo y la mente e intentar reencausarlos hacia su plenitud. Ellas imponen un círculo beneficioso en el que el cuerpo, sintiéndose pleno, confiere tranquilidad al espíritu.
Lo que faltaba, hasta ahora, era la posibilidad de regalar este concepto de una manera amplia, extendida, diversa y libre. Se podía, por sup... |