Entrar a Los Alamos es meterse en otra dimensión, es iniciar un viaje retrospectivo lleno de magia. Será por eso que nadie tiene ganas de irse. Los visitantes llegan, se instalan en su habitación y en cuestión de horas el flechazo es total. Es probable que les este reservado un copetín en el “cuarto de vidrio”, algo así como el epicentro de la casa, ámbito para juegos, degustaciones de excelentes vino y largas conversaciones. Después de las dos tradicionales campanadas que invitan a pasar al comedor hay que esperar los manjares que surgen de la cocina. Si brilla el sol se almuerza al aire libre, frente a la pileta. De noche, en verano, también se come al aire libre con velas y candelabros de plata. Y tampoco faltaran los asados frente a la acequia, mirando las viñas a la sombra del aguaribay.
LABERINTO DE BORGES En la Finca Los Álamos está creciendo un impactante laberinto cultural que recorre el mundo de Jorge Luís Borges: es un gigantesco libro abierto con senderos que forman el nombre del escritor y dibujan sus símbolos preferidos: relojes de arena, espejos, un bastón, la cabeza de un tigre, un colosal signo de interrogación y las iniciales de María Kodama. El laberinto esta compuesto de siete mil plantas de arbustos boj y cubre una superficie de casi dos hectáreas, convirtiéndose en el laberinto más grande de América.
EL VINO Cuando Domingo Bombal Ugarte compra finca Los Alamos comienza la transformación de la estancia en una propiedad dedicada a la vitivinicultura. A partir de 1830 produce vinos con uvas de sus propios viñedos. Sus descendientes, con 72 hectáreas en producción donde crecen cuatro variedades de uvas tintas - Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot y Syrah - y dos de uvas blancas - Chardonnay y Pinot de La Loire -, se encuentran entre los principales productores de uva fina en San Rafael. Las uvas de finca Los Alamos se cosechan a mano, respetando los momentos adecuados para que cada una de las variedades produzca los mejores caldos. |
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